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Paseo por La Matanza de Acentejo

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Situado al noreste de la Isla, entre los términos de La Victoria de Acentejo al oeste y el Sauzal al este, lo primero que llama la atención de este municipio es quizás su nombre, que hace recordar irremediablemente a la cruenta batalla que tuvo lugar en  el año 1494 en el actual Barranco de Acentejo. En ese entonces, los aborígenes, comandados por el Mencey Bencomo, infligieron una dura derrota a las tropas castellanas de Alonso Fernández de Lugo que pretendían dar por finalizada la conquista de Tenerife con un ejército de 150 jinetes y 1.500 infantes. A la postre, esta victoria aborigen y esta abultada derrota castellana es lo que da lugar al nombre del municipio. Un enorme mural en la entrada del mismo recuerda dicho episodio de este episodio singular de la historia de Canarias.

 

Lo segundo que más acapara la atención es la configuración del espacio, a modo de pendiente y sumamente escarpada, en donde se encajan pequeños barranquillos y barrancos como el de San Antonio, como el eco de una época en donde el agua corría frecuentemente por las laderas. Sin embargo, a pesar del accidentado terreno, la población ha sabido situarse, hallando los lugares más oportunos para residir y dando lugar a una mezcla de casas de carácter humilde con chalets propios de una mayor solvencia económica.

 

Asimismo, dentro del municipio se pueden identificar edificios que son excelentes ejemplos de la arquitectura tradicional y rural de Tenerife, además de contar con la presencia del genuino y ejemplar Mercadillo del Agricultor, sin duda el espacio que más hace para conservar los valores tradicionales de La Matanza.

 

Por otra parte, la adaptación de los pobladores y la posibilidad de contener edificios históricos también se debe a la presencia de numerosos recursos naturales y a la benignidad de un clima, que ya desde la época de los guanches, comenzó a atraer población. El clima y sus lluvias aseguraron la presencia de cultivos, que han ido variando hasta los que se ven a día de hoy, representados en las numerosas viñas que se reparten por las laderas de la montaña. Viñas que además ponen de manifiesto el éxito de los caldos de la Comarca de Acentejo.

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